La producción de setas cae en Catalunya por el impacto de la crisis climática
Un estudio del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya alerta de que podría reducirse hasta un 20% la proliferación de hongos en los bosques catalanes hasta el 2100.
"Nunca nos quedaremos sin setas en Catalunya, hay producciones muy importantes", sostiene en todo caso uno de los autores del trabajo.

Berga-
La crisis climática podría reducir hasta un 20% la producción de setas en los bosques catalanes hasta el 2100. Es una de las principales advertencias de los resultados preliminares de un estudio en curso del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC), teniendo en cuenta el modelo RCP8.5 de esta emergencia global. "Este 20% se traduce en una pérdida de potencial de los bosques, pero no a todos los bosques pasará lo mismo, se basa en zonas del Pirineo, Prepirineo y zonas altas, que no son todavía resilientes al cambio climático, no se han encontrado todavía el follón que les viene encima", explica el investigador Juan Martínez de Aragón, que defiende la gestión del bosque como principal aliado contra el descenso.
El trabajo del CTFC se basa en datos recogidos en parcelas experimentales de bosques de pino negro situadas entre los 1.600 y los 1.900 metros de altitud. En estos espacios se aplican tratamientos de gestión forestal —con clareos de entre el 25% y el 30% de la masa arbórea— para analizar su impacto tanto en la producción como en la diversidad de setas. Estas parcelas forman parte de una red de un centenar de puntos distribuidos por toda Catalunya, activa desde 1998, con un gradiente altitudinal que va de los 300 a los 2.000 metros.
La infraestructura permite estudiar la productividad micológica en diferentes condiciones climáticas y hacer estimaciones de su potencial económico. En el caso del Pirineo, los técnicos del CTFC hacen seguimiento continuado en el bosque de Meranges desde 2015, uno de los puntos de referencia. A diferencia de los inventarios forestales convencionales, que se llevan a cabo cada cinco años, el muestreo micológico se hace semanalmente durante la temporada. Aunque empieza en primavera, el periodo más intensivo se alarga de agosto a noviembre, mientras que en invierno las temperaturas son demasiado bajas y en primavera la producción todavía es limitada.
Acompañado de Àngel Ponce, los investigadores especializados en micología y truficultura analizan tanto hongos micorrízicos -como la cepa, que viven asociados a las raíces de los árboles como saprófitos- responsables de la descomposición de la materia orgánica. Las parcelas disponen de sensores de temperatura y humedad del suelo, y también de sistemas para medir la dispersión de esporas. Las muestras recogidas se analizan en el laboratorio para determinar el peso en fresco y en seco, la calidad y las interacciones con el resto del ecosistema forestal.
Martínez de Aragón explica a Públic que las zonas más bajas y mediterráneas están más adaptadas a la crisis climática, son más resilientes, porque ya llevan años "atentas". "Son zonas donde no haya una disminución de la fructificación, lo que sí hay es un cambio de la dinámica de fructificación de las setas", explica. En este sentido, recuerda que las producciones de setas en Catalunya son en forma de sierra, con años de mucha proliferación y otros de poca. "No hay una dinámica normal a lo largo de los años, depende del agua que va lloviendo en los meses más propicios", detalla.
El experto dice que, aunque se trata de episodios "más o menos puntuales", lo que ocurre actualmente es que "a veces se alargan". "Si antes había dos males y uno bueno ahora hay tres males y uno bueno en cuanto a producción", ejemplifica. Y es que todo depende esencialmente del agua disponible. Si las precipitaciones traen menos cantidad de agua, baja la producción. Asimismo, apunta que en los modelos sobre la emergencia climática "el tema de la precipitación tampoco es tan claro". Si bien las setas necesitan agua, tampoco es positivo llueva mucho de golpe y después no lo haga durante un largo periodo -como ha pasado últimamente. "Los modelos no nos dicen si lloverá más un mes u otro".
Lo que también queda claro es que la proliferación de setas se retrasa cada vez más, con excepciones como la del año pasado, que entró en unos baremos más habituales. Al mismo tiempo, el frío llega más tarde, con lo que las producciones se pueden ir alargando a lo que es la temporada: "Una cosa podría compensar a la otra", admite. Con todo, el experto destaca que las setas están "muy condicionadas a bajadas de temperaturas concretas". En este sentido, si a mediados de noviembre -por ejemplo- ya hay heladas importantes, aunque luego las temperaturas se recuperen, la fructificación ya se ve mermada.
Así, siempre según las proyecciones con las que trabaja el CTFC, el descenso previsto responde al hecho de que los años desfavorables para la producción de setas —marcados por el calor y la falta de lluvias en momentos clave— son cada vez más frecuentes. Actualmente, la fructificación media de setas en Catalunya se sitúa en torno a los 60 kilos por hectárea, aunque hay una gran variabilidad según la zona y el año, con registros que pueden superar los 500 kilos por hectárea en zonas como Meranges.
No nos quedaremos sin setas
A pesar de la alerta por los datos, el investigador huye de alarmismos: "No nos quedaremos nunca sin setas en Catalunya, hay producciones muy importantes", confía, aunque pueda haber "un descenso total de la producción". Martínez de Aragón destaca que un 50% de las especies que fructifican en los bosques son comestibles, y de este un 25% tienen interés comercial: "Aunque haya un descenso del 20% en el total, tampoco es tan importante sobre lo que recogemos". El experto dice que "es bestial lo que aguantan los hongos", aunque dependen de muchos factores como el arbolado y puede haber cambios, como que no fructifiquen en zonas donde ahora lo hacen y al revés.
"Nunca nos quedaremos sin setas en Catalunya, hay producciones muy importantes"
En cuanto a la diversidad, el micólogo admite que puede haber disminución del 10% de las especies, según sus estimaciones. "Es importante, pero en Catalunya puede haber unas 10.000 especies de hongos más o menos. El problema es que desconocemos cuál es la ecología de cada uno de estos, no sabemos qué está aportando al ecosistema, seguro que es importante", argumenta el experto. Con todo, admite que algunas especies se verán más desfavorecidas y otras no tanto, también en función de si se asocian a las raíces de los árboles o se aprovechan de la materia orgánica.
El investigador explica que en las parcelas se alternan zonas gestionadas y no gestionadas para comparar los resultados. "Hemos observado que, cuando se gestiona el bosque, aumentan tanto la producción como la diversidad de setas", señala. En este sentido, apunta que una gestión adecuada puede ayudar a amortiguar los efectos de la crisis climática sobre la productividad micológica. "Haríamos el bosque más resiliente, no solo para las setas, sino también para el tema de los incendios si reducimos el combustible en el bosque".
El investigador detalla que han hecho varios ensayos sobre cómo puede afectar la gestión del bosque, con parcelas donde han reducido los árboles un 25%, un 50% o un 75%. A lo largo de los años, han podido ver como una gestión "más o menos moderada" en torno al 25-30% permite que la producción de setas aumente entre un 6 y un 10%. "Si podemos gestionar los bosques, estaremos reduciendo los efectos negativos del cambio climático en muchas zonas. Al poder aumentar la fructificación el 10% con una reducción del 20%, tendremos un descenso del 10%", argumenta.
"Si podemos gestionar los bosques, estaremos reduciendo los efectos negativos del cambio climático en muchas zonas"
Con todo, admite que si no se hace una gestión más efectiva y generalizada es por motivos económicos. Además, apunta que el 80-85% de superficie forestal de Catalunya es de titularidad privada y "cuesta invertir dinero". Recuerda que antes los propietarios obtenían "ingresos importantes" de la madera, pero actualmente la gestión del bosque les puede costar dinero." Ahora también pueden obtener madera, pero lo que pasa es que el precio de ésta en el bosque no ha aumentado su valor y, además, los costes de extracción, maquinaria, combustible y mano de obra se han incrementado, por lo que el beneficio que pueden obtener es muy reducido", puntualiza.
En cuanto a la administración, cree que actualmente tiene en cuenta "criterios importantes para que no haya grandes incendios forestales", definiendo zonas donde se debe reducir la carga forestal y ofreciendo ayudas a los propietarios.
El impacto en el bosque y más allá
Aunque es complicado discernir exactamente el impacto del descenso de setas en el bosque, Martínez de Aragón remarca que, "cuando hay setas, hay salud". "Vemos una parte muy pequeña de lo que hay en los bosques, muchas especies no fructifican o lo hacen cada 10 años, es muy difícil decirlo". No obstante, destaca la "diversidad" si nos fijamos a nivel molecular y de ADN en los bosques. "Si hay hongos la salud del bosque está bien. Encontramos bosques demasiado densos y un sotobosque cerrado, pero actualmente la salud es buena", insiste.
El CTFC sostiene que una gestión forestal orientada también a la producción micológica puede tener un retorno económico y social, además de beneficios ambientales, especialmente en zonas de montaña. Por su parte, Ponce subraya a la ACN que el interés del estudio va más allá del valor gastronómico. "Los hongos tienen un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas forestales, tanto en el ciclo del carbono —incluida la fijación a través de los micelios— como en la descomposición de la materia orgánica", explica. En este sentido, destaca que esta función es esencial para reducir la carga de biomasa en los bosques.
Ponce también pone el foco en el potencial del turismo micológico como herramienta de dinamización territorial. Según apunta, la actividad boletaire puede contribuir a alargar la temporada turística en el Pirineo más allá del invierno y diversificar los ingresos en zonas con una fuerte dependencia de la nieve. "El turismo micológico puede generar actividad económica vinculada a la restauración, el alojamiento y los servicios de guía, y ayudar a fijar población en territorios con problemas de despoblamiento", señala.
Con todo, Martínez de Aragón cree que, en el ámbito turístico, el impacto "tampoco puede ser muy grave": "Lo más grave actualmente es la cantidad de gente que va a buscar setas. Si no fuera tanta gente, habría mucha producción. El problema es que tenemos 1,2 millones de buscadores de setas en Catalunya, es mucha gente". No obstante, que haya disminución "tampoco les afecta mucho o no debería influir", porque, para ellos, ir a buscar setas es más bien una experiencia."Lo que influiría sobre todo sería a escala de comercialización", admite.
¿Punto de no retorno?
"Veo el futuro similar al actual, espero que me equivoque y se preste más atención a los bosques y estén más adaptados en tema de incendios. Si el bosque se quema, durante años no hay setas, o sólo especies concretas. Espero que nuestro futuro encuentre un panorama como el actual o mejor, incluso que hayamos aprendido a gestionar los bosques", argumenta el investigador Martínez de Aragón. En este sentido, de cara a los años que vienen, espera que haya una regulación para la recogida de setas para que sea "sostenible" y permita "ir campeando y que seamos más resilientes".
En este sentido, dice que hace más de 10 años que luchan por esta medida que se aplica en el resto de comunidades del Estado español: "O bien te cobran por ir a buscar setas, o no te dejan entrar en lugares, o te ponen límites de setas que puede recoger cada uno". Actualmente, si alguien entra en un bosque que ha gestionado el propietario, éste no puede hacer más que denunciar por la vía civil: "Si tuviéramos una regulación en Catalunya, iría por la vía administrativa", contrapone. Reivindica que en la encuesta ómnibus de 2014 más del 70% de los encuestados reconoce que era necesario.
Con todo, el investigador admite que podemos haber llegado a un punto de no retorno, donde inevitablemente la proliferación de setas en Catalunya bajará los próximos años. "Lo que pasa que habrá años que veamos producciones bestiales por lluvias y estaremos felices, u otros en que casi no tengamos setas. Estos modelos de sierra tendremos más bajas que otros", prevé. Con todo, el micólogo se muestra optimista y, aunque haya una reducción de proliferación de setas, "no nos veremos tan afectados como para no poder ir a buscar setas con la familia". Si bien la crisis climática hará cada vez más irregular la producción de setas, apostar por la gestión forestal hará bosques más resilientes ante un clima cada vez más extremo.





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